"Los fundadores de Morena no ganan las encuestas, mientras que otros, con menos tiempo dentro del movimiento y que llegan de otros partidos, sí las ganan".
Una frase que empieza a resurgir una vez más en todos los estados y distritos de la República Mexicana, tal como aconteció en el 2021.
Aquella frase, pronunciada en medio de las inconformidades por la selección de candidaturas, parece cobrar una vez vida en este 2026, convirtiéndose en una expresión que refleja "Decepción".
Los morenistas se encuentran confundidos ante una realidad que se esta haciendo costumbre en los altos mandos del movimiento regeneración, aparecer la misma contradicción, quienes durante años construyeron el movimiento desde abajo, cuando todavía era oposición y cuando el obradorismo parecía una apuesta cuesta arriba, donde el caminar en territorio, conversar con la gente, convencer a la ciudadanía casa por casa era una labor titánica que no cualquiera asumía esa responsabilidad, hoy se observa cómo las posiciones de mayor relevancia terminan en manos de personajes que llegaron desde otros partidos políticos, argumentando su fidelidad, lealtad y participación al movimiento regeneración.
El discurso contra la llamada mafia del PRIANRD, una gran parte ya viste el "chaleco guinda", han cambiado del azul, rojo, amarrillo y naranja al color que identifica Bienestar y Humanismo Mexicano.
Muchos de quienes fueron señalados en aquellos años por militar o competir desde las filas de la oposición, hoy forman parte de Morena y ocupan espacios de decisión y desean ocupar cargos de representación.
Y ahí está precisamente una de las mayores contradicciones que enfrentan los morenistas de origen. Los verdaderos guerreros de la Cuarta Transformación.
Hay que recordar, que en el movimiento - partido se hablaba de transformar la vida pública, de acabar con privilegios y de colocar primero a quienes menos tienen. Pero para una parte de la militancia fundadora, la transformación partidista parece haber significado otra cosa: ellos pusieron los cimientos, caminaron las calles, organizaron los primeros comités y defendieron el movimiento cuando todavía no tenía el poder que hoy tiene.
En reuniones de reencuentro entre fundadores, se habla de que continúan los cacicazgos, el nepotismo, los amiguismos y la búsqueda del poder por el poder. Que lamentable, solo les corresponde mirar desde la orilla y aceptar las decisiones de "encuestas", donde hay clara ventaja de aquellos que se quieren reelegir y aquellos que mantienen una estructura electoral de los partidos en extinción.
Los fundadores pusieron el alma, el espíritu, los anhelos fueron los constructores de un gran movimiento que conquisto corazones y genero esperanza; pero cuando llegó el momento de asumir responsabilidades los espacios quedan en manos de quienes llegaron después, dejando una desolación en su institución política que no supieron defender y fortalecer.
Estos "arribistas" no solo se oponían a la construcción del movimiento del primer piso; además, hicieron todo lo posible por desprestigiar al movimiento y referirse de manera negativa a Andrés Manuel López Obrador.
Por ello, el enojo de una parte de la militancia histórica de Morena, no es un simple "berrinche", es por hechos reales que hoy la dirigencia ha olvidado.
La "decepción" de los fundadores de todas y todos aquellos que han participado a favor de morena desde sus orígenes y como obradoristas, es que la esencia del movimiento se empieza a diluir ante la arrogancia de aquellos que exigen disciplina y unidad.
No es cuestión solamente de cargos, que no se equivoquen ni propios ni extraños, es sobre reconocimiento político a quienes han respetado y construido a Morena.
Es también sobre aquellos que acompañaron a López Obrador cuando Morena todavía no gobernaba el país; quienes hicieron campaña, organizaron estructuras, defendieron el movimiento y posteriormente contribuyeron al triunfo de Claudia Sheinbaum y se han mantenido de manera fraternal y comprometida con el Segundo Piso de la Cuarta Transformación.
Los fundadores, los verdaderos guerreros de la cuarta transformación, aquellos que conquistaron corazones y generaron esperanza siguen vigentes y dispuestos a consolidar un movimiento de gran magnitud, saben a ciencia que el Relevo Generacional esta a la vuelta de la esquina y aceptan ese reto, desean que ese Relevo se realice de la manera más sutil y éticamente posible.
Porque si la respuesta es que las encuestas son las que deciden, entonces el argumento es sencillo: gana quien tenga mayor respaldo en la medición, independientemente de cuándo haya llegado al movimiento y que labor desempeño a favor del movimiento - partido desde sus orígenes.
No olvidemos que el discurso histórico de Morena también hablaba de reconocer a quienes construyeron el proyecto desde sus primeros años, entonces el debate es inevitable.
No se trata de negar derechos políticos a quienes llegaron después. Tampoco de sostener que la antigüedad dentro de un partido deba convertirse automáticamente en una candidatura. Lo que en verdaderamente se trata es la de dar el reconocimiento a quienes estuvieron cuando "ganar parecía imposible".
Porque Morena cambió. Cambió su tamaño, cambió su poder y cambió también la procedencia de buena parte de sus dirigentes. Identidad, congruencia y visión de transformación fue la clave fundamental para generar acciones que fortalecieron el Bienestar y el Humanismo Mexicano; sin embargo ahora todo ello se ignora.
Lo que no ha cambiado para muchos fundadores es la sensación de que, después de haber construido la casa, ahora otros están decidiendo quién ocupa las habitaciones.
Y claro esta, "Los fundadores no ganan encuestas, conquistan corazones y generan esperanza de una Transformación con Cambio Verdadero".
Y no se puede fallar a la población, a la gente, a la ciudadanía, a quienes desde a finales del 2012 aceptaron caminar y recorrer el territorio con un fin pleno, la transformación con base a un proyecto alternativo de nación. La Transformación no se improvisa se construye con la gente.

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