Para romper con los modelos de selección caducos —esos basados en el
clientelismo, el mero carisma vacío, la entrega de dádivas o la imposición
cupular— la narrativa debe rediseñar por completo el significado de lo que es
un "excelente aspirante" que a la postre sea un “excelente candidato”. No se trata de vender una imagen perfecta,
sino de educar al electorado a través del mensaje, convirtiendo las
características del aspirante en un espejo donde el ciudadano mida la seriedad
de su preferencia y si dicho aspirante dispone de las características
necesarias para responder al proyecto de nación y el humanismo mexicano.
La narrativa fundamental para construir una elección consciente, reflexiva,
analítica y confiable debe estructurarse bajo los siguientes cuatro ejes
discursivos:
1. Del "Candidato Salvador" al "Servidor Profesional"
Selección Consciente
El político tradicional que se presenta como el héroe que va a solucionar
todos los males por decreto de su voluntad, ya no es factible, debe regenerarse
y enfocarse a que en los tiempos actuales y futuros es indispensable contar con
políticos más sensibles, humanistas y profesionales.
El aspirante ideal no es un salvador, es una persona que cuenta con
diferentes atributos tanto humanos, técnicos y profesionales que permitirá
atender con criterio, confiabilidad y certeza las necesidades y requerimientos
de la población en su conjunto.
Quienes pretendan gobernar o legislar requiere competencias técnicas
reales y experiencia. El ciudadano debe exigir a los aspirantes experiencia
comprobable, conocimiento de la ley y capacidad de dar resultados, así como de
generar acciones que permita transformar y establecer cambios que coadyuven en
beneficio de la población de todas y todos, más no de unos cuantos.
“No se busca al que hable más bonito, sino al que demuestre que sabe
cómo funciona el presupuesto y los límites de su cargo, que este abocado a transformar
al país respetando a la población y elevando su calidad de vida”.
2. De la "Promesa
Espectacular" a la "Viabilidad
Selección Analítica
Campañas llenas de espectaculares con frases huecas, música pegajosa y
promesas monumentales pero imposibles de alcanzar deben ser desechadas por la
población. Asimismo, realizar acciones de transformación a través de las
denominadas “manita de gato”, es altamente cuestionable.
Como todas y todos sabemos, la expresión se refiere a la realización de
un arreglo o mantenimiento superficial, y rápido, para que algo o alguien se
vea mejor. Todas y todos lo entendemos. Pero cuando se trata de obra pública,
la improvisación siempre genera consecuencias negativas, controvertidas o
inaceptables.
Se ha aprendido que las manitas
de gato se hacen cuando el presupuesto es insuficiente; cuando el tiempo es
limitado y hay que dar resultados; cuando hay irresponsabilidad, falta de
profesionalismo o indolencia; o cuando se pretende esconder un acto de
corrupción. En ningún caso se justifican.
La obra pública es un
tema serio que amerita los mayores cuidados. Los gobiernos no están para dar manitas
de gato a nada. Mucho menos en el marco de las grandes necesidades de la
gente, ni de eventos en los que va de por medio la reputación de nuestro país.
Tampoco se vale que se invierta tiempo y recursos en las “retocadas” que se les dan a obras que se inauguran que ni
siquiera se han terminado.
El valor de un Aspirante Ideal se mide por la viabilidad y el método de
sus propuestas.
Es así que el aspirante ideal es aquel que en su discurso desglosa la
realidad financiera, rompe el modelo caduco y explica a la gente que el dinero
público es limitado y que las acciones que se emprendan se realizarán cuidando
que satisfagan las necesidades y requerimientos de la población de la mejor
manera posible.
3. Del "Político de Campaña"
al "Ciudadano de Trayectoria Coherente"
Selección Reflexiva
El Aspirante Ideal que se disfraza de pueblo solo en los tres meses de
campaña, que abraza niños y regala despensas, pero que nunca ha hecho nada por
la comunidad antes de postularse, deja mucho que desear.
La candidatura es una consecuencia de una vida de trabajo, no un empleo
que se busca por ambición cada tres o seis años.
Invitar a la reflexión ciudadana mediante la evaluación del pasado, debe
plantear preguntas directas al electorado:
¿Dónde estaba este candidato hace dos años cuando la comunidad enfrentó
x problema?
¿Su patrimonio coincide con lo que ha ganado legalmente?
¿Ha brincado de partido en partido solo por conseguir una silla?
El perfil ideal se defiende con su historial, no con su discurso de campaña.
4. De la "Opacidad Cómplice" a
la "Transparencia Radical"
Selección Confiable
Aspirantes Ideales que esconden quién financia sus campañas, cuyas
declaraciones de bienes son secretas y que basan su confianza en el "créanme,
yo soy honesto", no son aceptables para la población.
La confianza no se pide, se demuestra con hechos reales, palpables y
confiables.
El aspirante ideal debe normalizar la rendición de cuentas de manera
permanente. Debe empoderar al ciudadano explicándole que un candidato confiable
es aquel que pone sus cartas sobre la mesa, la transparencia y rendición de
cuentas es la base para generar confianza.
El eslogan o premisa central de esta narrativa
"Elegir no es un acto de fe ni un favor al aspirante; es una
elección consciente pública.
Tú eres el que decide; decide al mejor perfil."







